jueves, 2 de octubre de 2008

LAS ESTAMPILLAS DEL ATARDECER

Reconocerse en la postura heredada.

Brazos y piernas dibujando espigas.

Ilusión de encerrar el tiempo en un núcleo.

Danza singular que eleva vértices apremiantes donde los sentidos se marean con pensamientos esquivos.

Las voces cotidianas resguardan la razón aunque dejan huellas donde la memoria cae.

La mirada detiene el horizonte, allí se funden soliloquios.

Piel que envuelve otra piel.

Lucidez que renunciaría a todo por un delirio.

Lluvia llanto quiebre de cantos, ahogos secretos en los encantos.

Pétalos de rosas blancos ocres febriles zigzagueantes bailan al son de Carmina Burana.

Llegan entonces los huéspedes del crepúsculo.

Cómplice vigilia de amianto, mientras las raíces aclaran tanto.

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