miércoles, 31 de diciembre de 2008

GABRIELA

Buenos Aires, tarde gélida
Caminaba impulsada por la angustia con necesidad de encontrarte. Traspuse el muro que separa la alegría mundana de este sitio propiedad del dolor más ingrato.
Una emanación dulzaina muy particular me abofeteo y mis piernas comenzaron a flaquear.
Seguí por los amplios pasillos, paredes blancas, mosaicos negros y blancos acompañaban el eco de pasos:
Vida, muerte
luto, luz.
Me detuve ante tu puerta, aturdida empujé con torpeza; allí estabas, valiente, segura.
Sentada en la cama sombría, tu semblante sonriente expresaba la resistencia de siempre.
Observé como tu húmeda mirada trepaba entre maderas caracol hacia la ventana abierta, se acabó el dolor de tu amor y allí ansiaste morir.
Hiedra que todavía araña la higuera de los deseos, tres vueltas, danza de la vida.
¿Se cumplirá para ti?
Claro de la selva, quiebra las piedras para las heroínas alcancen la proeza de vivir

11 de septiembre de 2001

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