La mirada refleja solos, recuerda sus viejas mieles coralinas. 
Reliquias zigzagueantes la llevan a guardapolvos blancos.
Asir ese frío gelatinoso camino le hiere las manos ajadas, encaje reseco de piel sombría.
Rojos quebrantos de azules y verdes aguardan anhelantes al ras del cielo.
Los ojos miran vacíos esa encrucijada cautiva de emociones.
Indescifrables sentidos, caricias, aromas, cantos se ahogan en mácula irónica.
Estallan instantes, ayeres eternos, impactando el cuerpo caliza y engendro.
Hoy fue reconocer, aceptar, continuar, despeñándose parsimoniosamente por el acantilado de costumbres muertas.

Reliquias zigzagueantes la llevan a guardapolvos blancos.
Asir ese frío gelatinoso camino le hiere las manos ajadas, encaje reseco de piel sombría.
Rojos quebrantos de azules y verdes aguardan anhelantes al ras del cielo.
Los ojos miran vacíos esa encrucijada cautiva de emociones.
Indescifrables sentidos, caricias, aromas, cantos se ahogan en mácula irónica.
Estallan instantes, ayeres eternos, impactando el cuerpo caliza y engendro.
Hoy fue reconocer, aceptar, continuar, despeñándose parsimoniosamente por el acantilado de costumbres muertas.

1 comentario:
La costumbre es una cárcel de la conciencia. El recuerdo un incierto resplandor del pasado. El presente el incesante combate del tiempo con la nada. Daniel
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