Lumbre candorosa filtrándose entre la mixtura melancólica y canyengue del riachuelo.
Plenilunio que descubre siluetas errantes en la noche vanidosa descendiendo por la grieta de vida de sus rostros enjutos o por los trajes raídos de un Ayer venturoso.
Son los hechiceros que hacen renacer el encanto de tiempos de gloria creando sueños en rituales taciturnos a otras generaciones.
Símbolos del arrabal que cuando el aire fresco de la madrugada pone fin a la alegoría se escurren bajo la alcantarilla estelar.
sábado, 27 de septiembre de 2008
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