miércoles, 24 de septiembre de 2008

PUESTA EN ESCENA

La hiedra tomó mi mano y me acercó al ventanal, esgrimió una rama y el vidrio se derritió en escarcha.

Observé como la niebla se sentó en un banco de la plaza mientras los faroles danzaban bajo sus cuerdas.

Callejón adoquinado que se abre paso entre el caserío, el hombre de sombrero poco evidente se acerca, gira en la esquina y desaparece.

Silencio húmedo toca mis ojos.

El humo cubre el barranco y murmura el río.

La hiedra crece dentro de mí, mientras resisto, en vano el remolino gris me lleva, ya no respiro.

No hay comentarios: