La orilla serpentea areniscas de caracoles secos aproximándose a la bruma.
Cálidas miradas ovillan ilusión y sorpresa.
Así como sorprende el sol tenue de a ratos.
Dea ratos revolotean mariposas en nuestro estómago causando infinito placer.
La orilla sigue girando uniendo arroyo y caserío, mientras nos acarician ramitos de menta que pronto serán té para saborear juntos.
Plenitud, abrazo de naturaleza y cultura que ya envuelve el murmullo de los parroquianos.
La piel hace mella de lo vivido y celebra la convergencia del tiempo en las viejas raíces y otras paradójicamente nuevas cerrando el ciclo.
sábado, 27 de septiembre de 2008
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