miércoles, 31 de diciembre de 2008

GABRIELA

Buenos Aires, tarde gélida
Caminaba impulsada por la angustia con necesidad de encontrarte. Traspuse el muro que separa la alegría mundana de este sitio propiedad del dolor más ingrato.
Una emanación dulzaina muy particular me abofeteo y mis piernas comenzaron a flaquear.
Seguí por los amplios pasillos, paredes blancas, mosaicos negros y blancos acompañaban el eco de pasos:
Vida, muerte
luto, luz.
Me detuve ante tu puerta, aturdida empujé con torpeza; allí estabas, valiente, segura.
Sentada en la cama sombría, tu semblante sonriente expresaba la resistencia de siempre.
Observé como tu húmeda mirada trepaba entre maderas caracol hacia la ventana abierta, se acabó el dolor de tu amor y allí ansiaste morir.
Hiedra que todavía araña la higuera de los deseos, tres vueltas, danza de la vida.
¿Se cumplirá para ti?
Claro de la selva, quiebra las piedras para las heroínas alcancen la proeza de vivir

11 de septiembre de 2001

IDENTIDAD





Ciudad oculta,
ciudad que se oculta
o ciudad que ocultamos.

Lugar dominado por la promiscuidad y el miedo,
donde la indigencia heredada es asimilada
con dignidad y templanza,
o con dolor y resentimiento.

Así de día, los domingos,
alegría de fútbol, River Boca y mate.
Así de noche los charcos como de aceite
reflejan pedazos de luna en el agua absolutamente negra.

Mientras lejanas luces parecen cobrar vida en le horizonte.

En aquel cofín, otro panorama:
Palermo Hollywood, parodia del Soho en Buenos aires.
Lugar donde reina la tilinguería y el buen gusto,
abruma la banalidad indiferente,
afectada de ademanes impuestos.
En tanto marionetas fenicias ofrecen falsías en consomé.

Oculta utopía de echar luz sobre nuestras raíces,
olvidadas o desconocidas.

Quizás...

¿Había una vez un barrio?

CON LOS PIES DESCALZOS

La acrobacia de la cuerda acompaña en el entusiasmo y abandona en la decadencia.
Se acabó la fiesta, ya es amnesia de valores que no existen.
Inocente, endeble apostada en la ruta sin horizonte, la mañana lastima tus ojos inyectados de angustia, de credos perdidos, de enaguas manchadas.
Encajes viejos de plazas grises como cenizas de hoy tu pelo, ayer tu cielo.
Deseo de ceniza derramada en el mausoleo, prendada de valor y vida.
Ya las campanas de cuero viejo se encienden como antorchas y marchan a la deriva, queman las manos y resta el cuerpo.
La mejilla pálida está muda, se colmó de espanto. Camina el anciano errante, su mirada acaricia y calma, entonces Ella habla vidas y llora indiferencias eternas en su planto.
De las manos ya quemadas afloran heridas mórbidas y sus líquidos se derraman.
Ya Alone está satisfecha, su víctima está entregada.

LUISA

Avenida Córdoba, mediodía...
Luisa, mirada inmóvil enlazada en la memoria.




Otra Córdoba, sierras, aroma de tilos en flor.
Vertiente de agua cristalina brincando entre los riscos, salpicando tus alpargatas, embebiendo el vestido de lino blanco caprichosamente adherido a ese cuerpo inquieto.
Mientras el viento hace piruetas con tu cabello, el arrollo se espeja en tus ojos negros.
Desde la otra orilla te contempla Pedro descifrando tus gestos y pensamientos.
Aunque a Luisa le deslumbraba su porte, su sapiencia innata, permanecía, lejana altiva nutriendo el deseo.
Solían encontrarse en las festividades del pueblo “Las Rosas”


“Señoras, salgan todas a bailar”
“Una noche oscurita
lloviendo estaba
con la luz de tus ojos
yo me alumbraba”

Allí acontecía el sortilegio de juegos amorosos, miradas cómplices. Insinuaciones.
En ese brebaje se fundieron y apetecieron sin saciar.

jueves, 2 de octubre de 2008

LAS ESTAMPILLAS DEL ATARDECER

Reconocerse en la postura heredada.

Brazos y piernas dibujando espigas.

Ilusión de encerrar el tiempo en un núcleo.

Danza singular que eleva vértices apremiantes donde los sentidos se marean con pensamientos esquivos.

Las voces cotidianas resguardan la razón aunque dejan huellas donde la memoria cae.

La mirada detiene el horizonte, allí se funden soliloquios.

Piel que envuelve otra piel.

Lucidez que renunciaría a todo por un delirio.

Lluvia llanto quiebre de cantos, ahogos secretos en los encantos.

Pétalos de rosas blancos ocres febriles zigzagueantes bailan al son de Carmina Burana.

Llegan entonces los huéspedes del crepúsculo.

Cómplice vigilia de amianto, mientras las raíces aclaran tanto.

COLOR DE LEON

Si al vestíbulo le deleitaba succionar luz de la bohardilla, pregúntale por qué.

Quizás allí se cocían soliloquios endomingados de ribetes seductores.

O tal vez, los adoquines perfumados de azahares engalanaban la tarde grávida de elixires.

La calle envilece, dueña como nunca de aroma y sentencia.

Al ruedo invita el ilusionista sustituto.

Mientras observa azorado el parque, el café con leche zamarrea al tiempo.

Lejos se escucha el desafinado crujir de hojas secas entre ajenos ruiseñores de certezas.



Gris de mi alma gris, hierro de la noche hostil

Sitiada en vahos de cenizas todavía espera.

A MI PADRE

Hoy escribo tu nombre en restos de aserrín.

Una emanación a manera trabajada acelera mis recuerdos.

Hebras de sol se filtran por hendijas iluminados rizos de viruta dorada, hiedra de orgullo trepando mi alma que crece suspendida en viejos bancos de carpintero.

Recuerdo tus manos delgadas, arañas artesanas, labrando la madera.

Alzo la vista y converge tu mirada protectora como las columnas que conducen al altillo cautivo de arcones con tesoros.



Tributo a ese sitio donde vive la memoria.

Allí mi padre maceraba la dicha en el jugo exquisito de proyectos e ilusiones en el que era posible hundir el pan y saborear el horizonte.