miércoles, 31 de diciembre de 2008

CON LOS PIES DESCALZOS

La acrobacia de la cuerda acompaña en el entusiasmo y abandona en la decadencia.
Se acabó la fiesta, ya es amnesia de valores que no existen.
Inocente, endeble apostada en la ruta sin horizonte, la mañana lastima tus ojos inyectados de angustia, de credos perdidos, de enaguas manchadas.
Encajes viejos de plazas grises como cenizas de hoy tu pelo, ayer tu cielo.
Deseo de ceniza derramada en el mausoleo, prendada de valor y vida.
Ya las campanas de cuero viejo se encienden como antorchas y marchan a la deriva, queman las manos y resta el cuerpo.
La mejilla pálida está muda, se colmó de espanto. Camina el anciano errante, su mirada acaricia y calma, entonces Ella habla vidas y llora indiferencias eternas en su planto.
De las manos ya quemadas afloran heridas mórbidas y sus líquidos se derraman.
Ya Alone está satisfecha, su víctima está entregada.

LUISA

Avenida Córdoba, mediodía...
Luisa, mirada inmóvil enlazada en la memoria.




Otra Córdoba, sierras, aroma de tilos en flor.
Vertiente de agua cristalina brincando entre los riscos, salpicando tus alpargatas, embebiendo el vestido de lino blanco caprichosamente adherido a ese cuerpo inquieto.
Mientras el viento hace piruetas con tu cabello, el arrollo se espeja en tus ojos negros.
Desde la otra orilla te contempla Pedro descifrando tus gestos y pensamientos.
Aunque a Luisa le deslumbraba su porte, su sapiencia innata, permanecía, lejana altiva nutriendo el deseo.
Solían encontrarse en las festividades del pueblo “Las Rosas”


“Señoras, salgan todas a bailar”
“Una noche oscurita
lloviendo estaba
con la luz de tus ojos
yo me alumbraba”

Allí acontecía el sortilegio de juegos amorosos, miradas cómplices. Insinuaciones.
En ese brebaje se fundieron y apetecieron sin saciar.

jueves, 2 de octubre de 2008

LAS ESTAMPILLAS DEL ATARDECER

Reconocerse en la postura heredada.

Brazos y piernas dibujando espigas.

Ilusión de encerrar el tiempo en un núcleo.

Danza singular que eleva vértices apremiantes donde los sentidos se marean con pensamientos esquivos.

Las voces cotidianas resguardan la razón aunque dejan huellas donde la memoria cae.

La mirada detiene el horizonte, allí se funden soliloquios.

Piel que envuelve otra piel.

Lucidez que renunciaría a todo por un delirio.

Lluvia llanto quiebre de cantos, ahogos secretos en los encantos.

Pétalos de rosas blancos ocres febriles zigzagueantes bailan al son de Carmina Burana.

Llegan entonces los huéspedes del crepúsculo.

Cómplice vigilia de amianto, mientras las raíces aclaran tanto.

COLOR DE LEON

Si al vestíbulo le deleitaba succionar luz de la bohardilla, pregúntale por qué.

Quizás allí se cocían soliloquios endomingados de ribetes seductores.

O tal vez, los adoquines perfumados de azahares engalanaban la tarde grávida de elixires.

La calle envilece, dueña como nunca de aroma y sentencia.

Al ruedo invita el ilusionista sustituto.

Mientras observa azorado el parque, el café con leche zamarrea al tiempo.

Lejos se escucha el desafinado crujir de hojas secas entre ajenos ruiseñores de certezas.



Gris de mi alma gris, hierro de la noche hostil

Sitiada en vahos de cenizas todavía espera.

A MI PADRE

Hoy escribo tu nombre en restos de aserrín.

Una emanación a manera trabajada acelera mis recuerdos.

Hebras de sol se filtran por hendijas iluminados rizos de viruta dorada, hiedra de orgullo trepando mi alma que crece suspendida en viejos bancos de carpintero.

Recuerdo tus manos delgadas, arañas artesanas, labrando la madera.

Alzo la vista y converge tu mirada protectora como las columnas que conducen al altillo cautivo de arcones con tesoros.



Tributo a ese sitio donde vive la memoria.

Allí mi padre maceraba la dicha en el jugo exquisito de proyectos e ilusiones en el que era posible hundir el pan y saborear el horizonte.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El cántaro hueco de las utopías

Piel con piel, barrancas del tiempo confluyen en el vientre aterciopelado de un mundo adentro.

Ruidos, avenidas y cine de fondo, sin embargo La Paz descubre la anatomía de la noche inmediata y radiante.

Hay gaviotas en las esquinas que juegan con los amplios pantalones rayados y las largas enaguas floridas.

Aroma de café y camino.

Manos que ofrecen rosas a los ancianos y trenzas a los desprevenidos.

Complicidad, charlas, amigos al viento y a los secretos.

Serpentinas de luces buscan cauce por las calles y se convierten en espejos.

Danzan los relojes marcando horas nuevas o viejas e instantes eternos.

Bosteza el letargo y se expande la vida.

Las mariposas se hamacan en las plazas, hay grillos en los visillos y amapolas en los cabellos.

Días de fiesta donde el Hoy está adentro y ayer fue cierto.

MONTEROS

La orilla serpentea areniscas de caracoles secos aproximándose a la bruma.

Cálidas miradas ovillan ilusión y sorpresa.

Así como sorprende el sol tenue de a ratos.

Dea ratos revolotean mariposas en nuestro estómago causando infinito placer.

La orilla sigue girando uniendo arroyo y caserío, mientras nos acarician ramitos de menta que pronto serán té para saborear juntos.

Plenitud, abrazo de naturaleza y cultura que ya envuelve el murmullo de los parroquianos.

La piel hace mella de lo vivido y celebra la convergencia del tiempo en las viejas raíces y otras paradójicamente nuevas cerrando el ciclo.